Una investigación publicada esta semana en la revista JAMA Pediatrics analizó el impacto del primer teléfono inteligente en 1.959 adolescentes y concluyó que tener un celular a los 13 años no se relaciona directamente con mayores niveles de depresión u obesidad. Sin embargo, el estudio sí encontró que la llegada del dispositivo aumenta las probabilidades de dormir menos de las horas recomendadas.

Los investigadores determinaron que el principal factor de riesgo no es la edad a la que se recibe el teléfono, sino la forma en que se utiliza. Los adolescentes que pasaban más de cinco horas diarias frente a una pantalla registraron más del doble de probabilidades de desarrollar síntomas asociados a depresión y obesidad, además de presentar mayores dificultades para descansar adecuadamente.

El estudio, desarrollado por especialistas del Hospital Infantil de Filadelfia y la Universidad de Pennsylvania, señala que contenidos de consumo continuo, como los videos cortos y el desplazamiento infinito en redes sociales, pueden afectar la capacidad de atención y la autorregulación. Por ello, los expertos recomiendan limitar el tiempo de uso y mantener los dispositivos fuera de las habitaciones durante la noche para favorecer el descanso y el bienestar de los menores.