Con apenas 13 años, Juan Pablo Sánchez decidió que no podía quedarse en casa mientras Pereira enfrentaba las consecuencias del sismo. Con tapabocas, guantes y una pala, llegó hasta los sectores más afectados para ayudar a remover escombros y abrir camino a los equipos de rescate.

Su historia tomó fuerza después de que participara en las labores realizadas en el barrio Providencia, donde ayudó a retirar material de una estructura colapsada y a abrir espacio para recuperar el cuerpo de una mujer que había quedado atrapada. Esa experiencia, según contó, lo marcó profundamente.

Antes de la emergencia, Juan Pablo tenía su propio pequeño emprendimiento ambulante de dulces, conocido como “Che Dulces”, una actividad que inició después de llegar a Pereira en 2023. Con las necesidades que dejó el sismo, decidió dejar temporalmente ese proyecto para dedicar sus esfuerzos a ayudar a otras personas.

También ha utilizado parte de las donaciones que recibió para comprar mercados y entregarlos a familias damnificadas, mostrando que su intención no se quedó solamente en retirar escombros. Su mensaje ha sido insistente: no quiere dejar sola a su ciudad ni a su país.

Lo vivido durante la emergencia también cambió sus planes. Juan Pablo asegura que cuando sea grande quiere ser rescatista, boxeador y empresario. Hoy, mientras continúa ayudando en medio de la recuperación de Pereira, ese sueño de convertirse en rescatista parece haber encontrado su primer capítulo.