Dolor en el ejercicio: cómo distinguir entre una molestia normal del entrenamiento y una señal de lesión

El dolor durante el ejercicio no siempre es una señal negativa, pero aprender a distinguirlo es clave para evitar lesiones. Durante actividades como correr, nadar o levantar pesas es común sentir ardor muscular, fatiga o dificultad para respirar. Estas sensaciones suelen ser parte del proceso de adaptación del cuerpo al esfuerzo físico y pueden indicar que el organismo está trabajando dentro de un rango que favorece el fortalecimiento muscular y la mejora del sistema cardiovascular.
Especialistas en fisiología del ejercicio explican que existe un “dolor bueno”, asociado al cansancio muscular temporal que aparece tras el entrenamiento y desaparece con el descanso. Este se relaciona con pequeñas microlesiones en las fibras musculares que, al repararse, generan adaptación y mayor resistencia. Sin embargo, cuando el dolor es intenso, persistente o localizado en articulaciones o nervios, puede tratarse de una señal de lesión o sobrecarga que requiere atención.
Los expertos advierten que la popular idea de “sin dolor no hay ganancia” puede llevar a ignorar alertas importantes del cuerpo. En algunos casos, especialmente en personas con dolor crónico o entrenamientos mal ejecutados, el ejercicio puede agravar molestias existentes. Por ello, recomiendan diferenciar entre incomodidad y dolor real, escuchar las señales del organismo y equilibrar el esfuerzo con la recuperación para entrenar de forma segura.
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